Tarja conmemorativa en homenaje a Raúl Roa CUBA, 22 de noviembre de 2007. Una tarja conmemorativa en honor a Raúl Roa fue develada este miércoles en la Biblioteca y Centro de Documentación de la Asamblea Nacional del Poder Popular, que lleva el nombre del Canciller de la Dignidad. En el acto, Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, entregó un reconocimiento al autor de la obra, el artista Roberto Estrada Alonso, quien es además el creador de los relieves escultóricos de la Plaza de la Revolución de Camagüey. Jorge Lezcano Pérez, asesor de la presidencia, rememoró la trayectoria de Roa como diputado a la Asamblea Nacional y otros aspectos de su vida como revolucionario incorruptible. Fue una ocasión propicia, como parte del plan para conmemorar el centenario del natalicio de Raúl Roa, para dejar inaugurada una exposición fotográfica permanente con imágenes de este revolucionario de todos los tiempos. También se encontraban presentes Jaime Crombet y Ernesto Suárez, vicepresidente y secretario del Parlamento cubano, respectivamente. (Cubaminrex-Granma)
Destaca Presidente del Parlamento cubano la obra de Raúl Roa García CUBA, 17 de octubre de 2007. Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, exhortó a mantener vivo y seguir el legado y la obra de Raúl Roa García, a quien el pueblo cubano llamó Canciller de la Dignidad. Alarcón resumió la Audiencia Pública con la cual el Parlamento cubano homenajeó al destacado revolucionario en ocasión de celebrarse el centenario de su nacimiento. Destacó que el pensamiento y la acción de Roa (1907-1982) tienen vigencia en la actualidad porque fue un ejemplo, uno de los mejores intelectuales del país y a la vez un combatiente de la Revolución. Tras señalar su participación en el derrocamiento de la dictadura de Gerardo Machado (1925-1933), Alarcón precisó que Roa García combatió y denunció al imperialismo, a la oligarquía local y a la derecha, así como que no perteneció a ninguna formación política hasta la creación del Partido Comunista de Cuba y de su Comité Central, en 1965. Citó sus antológicas batallas en los estrados de las Naciones Unidas y en otros foros internacionales para defender a la Revolución Cubana y derrotar las maquinaciones del imperialismo norteamericano. Más que discursos y elogios formales, agregó, debemos aprovechar a Roa García como fuente de educación para nuestros jóvenes y cuadros dirigentes, sean diplomáticos, del Poder Popular o de cualquier otra esfera, pues él es una fuente de inspiración. Armando Hart Dávalos, miembro del Consejo de Estado, y Eusebio Leal, historiador de la Ciudad de La Habana, realizaron intervenciones especiales en las cuales pusieron de relieve importantes facetas de esta inolvidable personalidad de la cultura y la política cubanas, por su pensamiento revolucionario, chispeante, mordaz y martiano en toda línea. Raúl Roa García fue ministro de Relaciones Exteriores de Cuba entre 1959 y 1976, y vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular hasta su muerte, ocurrida el seis de julio de 1982. Por su fructífera vida es considerado una de las figuras de mayor trascendencia en el siglo XX cubano. ( Cubaminrex- AIN).
Roa entre nosotros: Aniversario 25 de su muerte · por : Graziella Pogolotti Acabo de ver la Imagen de nuestro RaúI Roa, de nuestro Canciller de la dignidad, como portavoz de la historia y de la gallardía latinoamericana, peleando en Naciones Unidas en favor de la soberanía panameña. Extraordinaria vigencia tiene hoy aquella escena. La palabra rápida, la avalancha de acusaciones, la ironía de la frase, la mirada burlona que escapa a los lentes, el gesto nervioso, impaciente, de la mano parecen hoy, en medio de la escalada agresiva contra la América Central, más vivientes que ayer. La imagen me ha estremecido. Junto al recuerdo de tantos acontecimientos revolucionarios que estarán por siempre unidos a su presencia y a su acción, me ha venido el del hombre y el del intelectual. Era yo una niña, en un pequeño apartamento de La Habana Vieja cuando lo conocí. No se me permitía intervenir en las conversaciones de los adultos, pero podía, si lo deseaba, escuchar en silencio. Me fascinaban las visitas de aquel quien era todavía un joven profesor de Historia de las doctrinas sociales. Siempre inquieto, las palabras le brotaban a borbotones. El espacio parecía no alcanzarle y pasaba rápidamente de una silla a la otra. Poco entendía yo de todo aquello, de aquellos nombres todavía desconocidos, como los de Tousseau y Marx. Pero no podía sustraerme al encanto. Más tarde, en la Universidad, lo veía con frecuencia, rodeado de estudiantes, con los libros agarrados, en gesto típico junto al pecho, por los alrededores de lo que suele llamarse irrespetuosamente el parque de los cabezones. Polémico y conversador era también un extraordinario retratista. Sabía animar la historia pasada con la vitalidad que corresponde a un reportaje contemporáneo. Así nos hizo conocer una revolución que se fue a bolina. Así ha sabido evocar a Pablo y a Rubén, que fueron sus amigos. Por su vínculo con las nuevas generaciones y por su capacidad para diseñar los rostros del pasado, Roa encarna esa vocación de continuidad y relevo, tan característica de nuestra cultura, tan profundamente martiana. Hombre de pensamiento, más que de espada, Enrique José Varona aparece, en la evocación de Roa, abierto hacia el porvenir, recio y frágil en su amparo a la rebeldía estudiantil antimachadista. También el marqués de Santa Lucía se proyecta hacia delante, en su intransigente y polémica posición antiplattista. La novela toma, a veces, prestados acontecimientos a la historia. Pero también necesitamos que, en ocasiones, la historia se nos cuente como una novela, que sus personajes recobren carne y sangre, que se describan con pasión y fuerza, como genuinos actores del presente. Le sentaba bien a Raúl Roa su nombre breve y relampagueante. Escritor, maestro y canciller, fue también un excelente animador de la cultura. Lector infatigable, se sentía parte de ella. Más allá de las letras, su universo propio, mantuvo un vínculo activo y creador con todas las vanguardias auténticas. Sin caer en vanas novelerías, tuvo la perspicacia de reconocer y estimular las auténticas rupturas, de estimular la necesaria investigación artística. A su acción personal se debieron, en los años difíciles, en tiempos de soledad y desamparo para los artistas, entre muchas otras cosas, la publicación de los hoy clásicos ensayos de Fernando Ortiz sobre Lam y de José Lezama Lima sobre Arístides Fernández. Junto a amigos latinoamericanos, conversamos por última vez alrededor de una mesita del Habana Libre. Hablaba de su Rubén Martínez Villena, entonces en fase de redacción. Me sorprendió descubrir un parpadeo de timidez en la mirada, en el gesto, en la palabra del hombre de tantas batallas. Era la angustia del genuino creador ante la obra en proceso. Será siempre joven quien no se acomode a las falsas seguridades, quien sepa preservar, para su propio trabajo, esa inquietante expectativa. Por su capacidad de integrar vida e historia en un mismo presente, Roa es, y seguirá siendo, nuestro contemporáneo. (Trabajo publicado en el diario Granma el 20 de mayo de 1988)
GRECIA, 1 de junio de 2007. Con motivo de conmemorarse este año el Centenario del natalicio de Raúl Roa García (1907-1982), la Embajada de Cuba en Grecia convocó a un acto en el Centro Cultural de la Alcaldía de Atenas para rendir homenaje al Canciller de la Dignidad. El Embajador cubano en Grecia, Hermes Herrera, hizo la presentación del Dr. Raúl Roa Kourí, Embajador de Cuba ante la Santa Sede, quien ofreció la conferencia: “Raúl Roa: evocación en el centenario”. Se hallaban presentes profesores universitarios, embajadores y otros representantes del cuerpo diplomático, directivos de ONGs, periodistas y cubanos en misión y residentes. Al finalizar su intervención, muy elogiada por el auditorio, el conferencista señaló: “Sus recuerdos permanecen en el corazón del pueblo y su ejemplo inmortal se renueva con los vientos de primavera”. (Cubaminrex-Embacuba Grecia).
Jóvenes demostraron su protagonismo en el complejo escenario internacional durante las sesiones del XII Modelo de las Naciones Unidas de La Habana (HAVMUN), evento que concluyó en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) y rindió homenaje al Canciller de la Dignidad, Raúl Roa García, en el centenario de su natalicio y al Comandante Ernesto Che Guevara en el cuadragésimo aniversario de su caída en combate. CUBA, 2 de mayo de 2007. Un ejercicio de diplomacia donde participaron estudiantes de la Universidad de La Habana y delegaciones de universidades de México, así como estudiantes extranjeros residentes en la Isla, constituyó el pretexto para debatir los principales temas de la agenda de Naciones Unidas y abogar por un mundo mejor. La globalización y sus consecuencias para el pleno disfrute de todos los derechos humanos tuvo especial significación para la comisión de Asamblea General, la cual aprobó un proyecto de resolución que defendió la globalización de los pueblos en igualdad de condiciones. En el Consejo de Derechos Humanos los delegados condenaron por amplia mayoría la construcción de un muro en la frontera entre México y los Estados Unidos, y analizaron la lucha contra el terrorismo y las consecuencias de la política de doble moral con que abordan este fenómeno algunos países, entre ellos Estados Unidos. Un proyecto de resolución recogió en el Consejo Económico y Social (ECOSOC) las consecuencias económicas y sociales de la ocupación israelí para las condiciones de vida del pueblo palestino, y consideró al muro de segregación construido en territorio ocupado como una violación a los derechos humanos y parte de una política discriminatoria. Los delegados mexicanos se pronunciaron a favor del pueblo cubano y agradecieron al comité organizador darles la oportunidad de ver la realidad cubana, deformada por los medios de comunicación. La clausura contó con la presencia de Rodolfo Reyes, director de Asuntos Multilaterales del MINREX y el doctor Carlos Amat Forés, director general de la Asociación Cubana de las Naciones Unidas (ACNU). El cierre de sesiones lo realizó el secretario general del evento Jorge Yanier Castellanos, quien invitó a los delegados a aunar esfuerzos para hacer un mejor HAVMUN el próximo año. El Modelo rindió homenaje al Canciller de la Dignidad, Raúl Roa García, en el centenario de su natalicio y al Comandante Ernesto Che Guevara en el cuadragésimo aniversario de su caída en combate. (Cubaminrex- Juventud Rebelde)
Inauguran XII Modelo de las Naciones Unidas en La Habana, que rendirá homenaje a Roa CUBA, 24 de abril de 2007. El XII Modelo de las Naciones Unidas (HAVMUN)'2007 será inaugurado hoy en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, y estará dedicado al centenario del natalicio del desaparecido Canciller de la Dignidad, Raúl Roa García. La cita, que se extenderá por casi cuatro días, también será un homenaje al Comandante Guerrillero Ernesto Che Guevara en el aniversario 40 de su caída en combate, un hombre que estuvo vinculado a la batalla diplomática y política de la Revolución cubana en el plano exterior. En tal sentido el foro debatirá exposiciones dedicadas a Roa García, al mítico guerrillero argentino-cubano y al líder estudiantil José Antonio Echeverría, resalta la ain. La agenda de trabajo del encuentro analizará por comisiones la Asamblea General, en particular la Comisión de Asuntos Sociales, Culturales y Humanitarios, además del trabajo del Consejo de Seguridad, el de Derechos Humanos y el Económico y Social. También incluye el examen de la labor del Grupo de Trabajo de Desarme y Seguridad Internacional del Movimiento de Países No Alineados, agrupación del Tercer Mundo presidida en la actualidad por Cuba. En el evento participarán universitarios cubanos y delegaciones de México, Venezuela y estudiantes extranjeros radicados en Cuba, procedentes de Estados Unidos, Colombia, Guatemala y Sao Tomé y Príncipe, entre otros. HAVMUN'2007, es un evento celebrado anualmente en la Universidad de La Habana desde el año 1996 para desarrollar en los jóvenes las habilidades del diálogo, la comprensión y expresión, así como dominar las causas de los crecientes problemas del mundo contemporáneo, en especial la defensa de la paz mundial. También persigue el propósito de inculcar en los estudiantes que el trabajo diplomático multilateral se debe basar en el respeto al Derecho Internacional y a los principios emanados de la Carta de las Naciones Unidas. El protagonismo de la juventud en el complejo escenario internacional, que vive la Humanidad en el siglo XXI, condiciona la necesidad de mantener este espacio. (Cubaminrex-RHC). Cancelan sello por el centenario de Raúl Roa. CUBA, 20 de abril de 2007.- Un sello conmemorativo por el Centenario del Canciller de la Dignidad, Raúl Roa, fue cancelado en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX), por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, ministro de Informática y Comunicaciones; Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro del Buró Político, y Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores. En la ceremonia, usó de la palabra Carlos A. Amores Balbín, director de divulgación e información del MINREX, quien dijo que este encuentro es ante todo un acto de justicia, no con el Canciller de la Dignidad, pues quien es un "elegido" de los que "no caben en la muerte", no lo necesita; sino con el sello cubano, Embajador excepcional de nuestra Patria desde hace 150 años, y que en los últimos 48 ha sido un cronista fiel de la epopeya del pueblo cubano. Estuvo presente además, Raúl Roa Kourí, embajador de Cuba ante la Santa Sede, así como viceministros, jefes de direcciones y otros trabajadores del quehacer diplomático cubano. (Cubaminrex-Granma) Palabras del embajador Marcelino Medina, en representación de los trabajadores del Ministerio de Relaciones Exteriores en la Velada Solemne por el Centenario del Canciller de la Dignidad Compañeros de la Presidencia, estimados familiares de Roa, compañeras y compañeros: Son ya más de mil los graduados del Instituto de Servicio Exterior que en 1971 fundara Raúl Roa García, el cual, desde 1982, como Instituto Superior de Relaciones Internacionales, lleva con orgullo y especial compromiso su nombre. Son muchos las compañeras y compañeros que han pasado por esas aulas, que en una noche solemne como la de hoy, merecen el honor de compartir aquí algunas reflexiones para recordar a ese paradigma de Ministro de Relaciones Exteriores de la Revolución Cubana que fue Roa. Pienso especialmente en Fernando y en Gerardo, egresados del ISRI quienes junto a Tony, René y Ramón dan al mundo un admirable ejemplo de firmeza inquebrantable y lealtad absoluta, cualidades con las que soñaba Roa para un Ministerio de Vanguardia. Para las jóvenes generaciones y creo que para todos, estas jornadas de conmemoración del Centenario del natalicio de Roa han contribuido de manera modesta a acercarnos más a un hombre excepcional, en quien nuestro Comandante en Jefe confió la conducción de la Cancillería que necesitaba la Revolución en aquellos momentos iniciales del triunfo. Muchos de los que fuimos alumnos del ISRI, que gracias a esa Revolución contamos con igualdad de oportunidades para cursar una carrera universitaria, no habíamos nacido o éramos muy pequeños cuando ya Roa brillaba en sus épicas batallas en la OEA o en la ONU. Crecimos conociéndolo con el sobrenombre que ya se había ganado desde agosto de 1960 en San José, Costa Rica como Canciller de la Dignidad y formamos parte de ese pueblo que tanto se identificaba con su pulida cultura, su agudo sentido del humor, su dinamismo y diligencia, su dominio del oficio, su honestidad, su valor y su “criollismo de cepa”. Cuando ingresamos al Instituto Superior de Relaciones Internacionales nos impactó el reto de un programa de estudios muy completo y profundo, concebido por el propio Roa para contribuir a formar a los representantes diplomáticos y consulares como “soldados de la Revolución”, que descollasen “por su cualificación política, competencia técnica, lealtad absoluta, firmeza inquebrantable, conducta austera y por el diestro manejo de la táctica, el tacto y el contacto”. Roa concebía la educación no como un acto sino como un proceso, que por demás no es espontáneo ni actúa en el vacío. Hacía suyas las palabras de Varona cuando citaba que: “Debe la Universidad enseñar, desde luego, pero debe ante todo despertar la curiosidad de saber, el deseo de ver cada cual por sí mismo, de experimentar, de investigar, de criticar". A la vez afirmaba que:“La conciencia política y la competencia técnica sólo se obtienen mediante el estudio, el trabajo, el espíritu de sacrificio, la pasión revolucionaria”. Ese espíritu de sacrificio, una activa participación en todas las tareas y batallas que ha protagonizado nuestro pueblo, la necesidad de profundizar en la formación política e ideológica, sobre bases marxistas-leninistas, la lealtad a los principios, al Partido y a Fidel, han sido brújulas que como quería Roa han guiado siempre el quehacer de ese Instituto. Sin dudas, todo esto deja una profunda huella en la formación de un joven. El proceso concebido por Roa no terminaba con el acto de graduación. Puede afirmarse que era apenas un comienzo pues como nos advirtiera el Rector nuestro primer día de clases, la Universidad nos iba a graduar de “ignorantes conscientes”. El Canciller había proyectado también el reto de la capacitación y superación de aquellos que debían ser los ejecutores de la política exterior del Gobierno Revolucionario como todo un sistema. Los que permanecían en el MINREX se habían seguido superando, habían adquirido la excelencia del trabajo al fragor de la batalla y con ingentes iniciativas de calificación. Todos formaron parte de un colectivo cada vez más profesional que contribuiría a importantes éxitos de Cuba en la arena internacional. Siguieron siendo nuestros maestros y son una fuente inagotable de donde extraer siempre experiencias y excelentes ejemplos. Roa, que consideraba “estar conforme con lo obtenido como el preámbulo del estancamiento” nunca permitiría estar satisfechos. El fue un ejemplo vivo del ejercicio de la crítica y la autocrítica. Y en ese sentido deseo reconocer que no hemos estudiado lo suficiente y lo necesario su obra y también su vida. Tal vez ante la admiración de su magistral epopeya en el campo diplomático, no hemos prestado toda la atención que merece a la trayectoria revolucionaria de este hombre con sangre mambisa, que estuvo entre los protagonistas de la Revolución del 33, que se mantuvo como “francotirador” contra los gobiernos posteriores y que desde 1959, en su condición de Ministro de Relaciones Exteriores personificó, como pocos, la continuidad histórica de la Revolución. Estimadas compañeras y compañeros, al inicio expresamos que preferimos que hubiesen sido Gerardo o Fernando los que hablasen en un acto como este. Pero, estamos seguros, que más temprano que tarde llegará el día en que escucharemos a nuestros Héroes contarnos directamente cómo Roa ha sido también paradigma para su resistencia, su apego a los principios y la defensa de esa Dignidad de la cual él fue su Canciller. Muchas Gracias CONMEMORAN LOS CIEN AÑOS DE LA ALBORADA DE RAÚL ROA Por : Pedro Pablo Prada Quintero Cubaminrex 19 de abril de 2007. Justo como Raúl Roa García lo habría deseado, sin poses ni solemnidades vacuas, en agudo cruce de ideas, el Aula Magna de la Universidad de La Habana, tantas veces foro y forja de los más elevados idearios patrios, acogió en la noche del 18 de abril la conmemoración cubana del Centenario del Canciller de la Dignidad, como lo proclamó sin pergaminos ni ceremonias el pueblo de Cuba. Celebrar sus primeros 100 años exige respetar su espíritu rebelde, creador, imposible de encerrar en un discurso o en mil ceremonias, dijo Ricardo Alarcón de Quesada, miembro del Buró Político y Presidente de la Asamblea Nacional, al pronunciar las palabras centrales del acto presidido por Esteban Lazo, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC), y al que además acudieron Fernando Remírez de Estenoz, integrante del Secretariado del Comité Central, y Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores; junto a autoridades universitarias, de organizaciones estudiantiles, compañeros de trabajo, familiares de Roa y funcionarios actuales del MINREX. El Jefe del Parlamento cubano, él mismo discípulo y subordinado de Raúl Roa en las aulas del Alma Máter habanera y en el quehacer diplomático, hizo un recorrido por la vida de la emblemática personalidad como estudiante, profesor de mérito; tribuno y periodista, y valoró la erudición cultural que sustentó la conciencia revolucionaria con la cual se le identificó desde los años juveniles Alarcón también se refirió a la necesidad de conocer a Roa más allá de las anécdotas y de las andanadas de palabras de sus comparecencias en la OEA, en las Naciones Unidas y en los diversos congresos donde brillaron el mérito tribunicio y la fuerza de la verdad y de la ética. Con ese fin, convocó a profundizar en el vínculo indisoluble entre sus palabras y su vida, atributo singular que le permitió marcar una época y legar un paradigma del ser diplomático en Cuba. Ello, dijo, es la fuente de su inagotable magisterio y será la garantía de que perdure su ejemplo en incesante renovación En sus palabras, recordó también que Roa “se entregó a la Revolución triunfante y a ella le dio todo su talento y energía, con modestia, sin reclamar honores”; militando por primera vez “en un partido político, el Partido Comunista, el de Fidel, a quien siempre le fue fiel”. Yusmari Díaz, presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) en la Facultad de Derecho de la Universidad habanera, en nombre de esa organización, y el embajador Marcelino Medina, en representación de los trabajadores del Ministerio de Relaciones Exteriores, también ponderaron la vida de Roa García como la de un hombre excepcional, en quien sobresalió el dominio del oficio, honestidad y valor. En ese contexto, fue evocada la impronta del Canciller de la dignidad en dos graduados del Instituto Superior de Relaciones Internacionales que él fundó: los héroes antiterroristas Gerardo Hernández y Fernando González, y por extensión, sus hermanos René, Antonio y Ramón, hijos todos de la dignidad, la hidalguía, y la huella que Roa dejó en el mundo y en el corazón de su pueblo. ( Cubaminrex )
Palabras de Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente de la Asamblea Nacional en Velada Solemne por el Centenario del Natalicio del Canciller de la Dignidad Raúl Roa García Compañeras y compañeros: En esta Aula Magna al instalar la Comisión Nacional del Centenario de Raúl Roa García advertí que debíamos concebir nuestra tarea a la manera de Roa. Nada de “vacuas solemnidades” ni “obsoletos rituales”. Celebrar sus primeros cien años exige respetar su espíritu rebelde, creador, inapresable, imposible de encerrar en un discurso o en mil ceremonias. No estamos marcando un día, ni siquiera un año, para rendirle homenaje. Queremos sobre todo que el aniversario sirva para impulsar y extender el conocimiento de una vida y una obra indispensables para todos los cubanos. Hacer que llegue a otros su inagotable magisterio y que perdure su ejemplo en incesante renovación es el desafío para quienes tuvimos el singular privilegio de haber conocido de cerca a quien fue, a la vez, maestro insuperable y leal compañero. Por eso estamos aquí, en su Universidad, sementera de inquietudes y esperanzas, forjadora y testigo de proezas, madre amorosa de una Revolución que siempre ha estado en las manos de los jóvenes. De todos los jóvenes. De los que empuñaron las armas y cayeron combatiendo cuando tenían veinte años y de los que sobrevivieron y supieron seguir luchando, con el mismo espíritu y la misma edad, muchos años después. De Agramonte y Martí, de Mella y Guiteras, de José Antonio y Fructuoso. De los que hoy tienen veinte años y de los que ya cumplen ochenta o cien. De los que proclaman como Roa hace seis lustros: “Hasta la juventud siempre”. Tenía apenas 18 cuando publicó su primer artículo. Inició así una de las trayectorias más admirables en la intelectualidad cubana. Su obra escrita es la de un hombre con dilatada y profunda erudición que pudo pasearse cómodamente por las ciencias sociales, la filosofía, la historia, la literatura y otras artes. Se adentró con soltura en el legado cultural de la humanidad y avanzó bien hondo en el pensamiento y la brega del pueblo cubano. Descolló entre nuestros intelectuales por la solidez y la integralidad de su formación, la capacidad para penetrar en los temas más complejos, y el cultivo de un estilo propio, irrepetible, nutrido en el dominio absoluto del idioma que supo transformar como nadie en azote para la maldad, la injusticia y la mediocridad. Vertical y filoso, certero y agudo, fue imbatible en la polémica e insuperable en el análisis. En el panfleto clandestino, en la tribuna estudiantil, en la prisión, en el exilio, en la cátedra universitaria y luego en los foros internacionales y en la dirección del Parlamento nos legó un tesoro de verdadera sabiduría, coherencia intelectual y auténtica militancia. Sobresalió ante todo porque no hubo distancia entre sus convicciones y su vida, porque su conducta fue siempre fiel a sus ideas e ideales. Esas cualidades, presentes ya en el adolescente Roa, sin sombras ni fisuras, irían siempre con él. Participante activo en el movimiento estudiantil contra Machado, se mantuvo entre los que se empeñaron en llevarlo hasta la transformación socialista de la sociedad cubana. Fustigó a los machadistas, desenmascaró a los farsantes de la oposición burguesa y a quienes enfundados en un elitismo estéril servían al Imperio que a ambos sostenía y no escatimó su crítica indispensable a los revolucionarios, en búsqueda incesante de la ruta perdida en medio de la barbarie represiva, la corrupción y la desidia que cayó sobre “una generación orgánicamente escindida”. Continuador de Mella, junto a Pablo y Rubén encarnó a lo mejor, más noble y puro de aquellos jóvenes que hallarían después en Guiteras su síntesis más alta. Dio testimonio y rescató el legado de una generación derrotada pero no vencida. Resumió esa etapa dramática de nuestra historia con estas palabras: “La minoría revolucionaria de la generación del 30 quiso más de lo que pudo: planteó el problema de Cuba a la altura de su tiempo, pero no supo resolverlo”. En otro momento, en frase tan lapidaria como criolla, afirmó: “La Revolución del 30 se fue a bolina”. Pero en realidad su modestia le hizo exagerar. El espíritu de aquella Revolución nunca se extravió por los aires. Pervivió en quienes como él le guardaron lealtad y la mantuvieron viva en la memoria colectiva. Roa nunca se fue a bolina. Se esforzó con otros sobrevivientes en crear nuevos instrumentos para la lucha revolucionaria. Fracasados estos intentos seguiría batallando más tarde “por la libre”, rebelde solitario pero irreductible. Después de la derrota de aquella Revolución, cuando mayor era la frustración y el desaliento, y más dolorosa la división y la apatía él perseveró con el ánimo del primer día. No se arredró ante el “espectáculo abominable” que ofrecían “los mercaderes, matones y tránsfugas de una revolución traicionada, vendida y mixtificada”. Declaró entonces sin aspavientos “seguiré pugnando aunque se esfumara de la memoria de todos, el noble anhelo que nos llevó a la cárcel, al martirio y a la muerte”. De regreso a su Universidad, pese a los obstáculos con que trataron de cerrarle el paso, ganaría la cátedra que enalteció y convirtió en bastión y vivero de rebeldías. Sus lecciones anticipaban el futuro, sostenían la esperanza, convocaban e inspiraban. Nos enseñó entonces: “La lucha por lo «irrealizable» ha sido extraordinariamente fértil en consecuencias practicas. Casi todo lo que podemos mostrar hoy como auténtico progreso, incluso la ciencia, fue en sus comienzos, fantasmagoría de iluso, sueño sin sentido. La utopía es menos utópica de lo que creen los «realistas» del empirismo mostrenco”. En aquellos años deprimentes y turbios proclamó: “la utopía es, en última instancia, un acto de fe en el ilimitado poder creador de la razón humana”. Escuchándolo, en su aula no estaban sólo los alumnos de la Facultad de Ciencias Sociales. A ella llegaban muchos otros de toda la Colina. Era normal encontrar allí a José Antonio, a Fructuoso y a quienes con ellos perseguían la ilusión, querían darle sentido a los sueños y en el empeño entregarían sus vidas. El golpe de estado del 10 de marzo de 1952, hundió a la República en el peor desconcierto y la más aguda crisis moral y política. A la juventud planteó un reto colosal. No podía confiar en otros, no contaba con organizaciones capaces de orientarla y conducirla frente a un régimen sanguinario y brutal usufructuario del respaldo ilimitado del imperialismo norteamericano a la sazón en el cenit de su hegemonía mundial. Los jóvenes deberían reinventar la Revolución y hacerlo con sus propias manos, crear nuevas fuerzas, diseñar por si mismos sus estrategias y tácticas. Fue un aprendizaje duro, a marcha forzada, bajo el terror, la tortura y la muerte. Aprendiendo del fracaso y el dolor buscaban en la historia la guía necesaria. Para auxiliarlos, desgraciadamente, no abundaban maestros. Raúl Roa García fue uno de los pocos. Se incorporó a quienes combatieron a la tiranía, desde el principio, compartiendo con sus alumnos angustias y peligros. Volvió a conocer la persecución y el exilio, luchó hasta que el tirano, sus verdugos y secuaces emprendieron la fuga vergonzosa. Con el alba del año 1959 llegó finalmente la utopía. Roa se entregó a la Revolución triunfante con el brío, el entusiasmo y la ilusión que le había insuflado Mella en el Patio de los Laureles en un noviembre ya lejano. A ella dio todo su talento y energía, por ella trabajó sin fatiga y lo hizo con desbordante alegría y ejemplar modestia, sin reclamar honores ni prerrogativas. Finalmente y por primera vez militó en un partido político, el Partido Comunista de Cuba, el de Fidel Castro por quien guardaría lealtad a toda prueba. Dotado de grandeza verdadera nunca buscó la lisonja ni pudieron herirle mezquindades ni bajezas que sabía disolver con el dardo de una frase. Aceptó de buen grado y atesoró como el mejor premio el título de Canciller de la Dignidad porque se lo otorgó el pueblo anónimo sin ceremonia ni pergamino. Los trabajadores humildes con quienes gustaba compartir en los cañaverales de Cayajabo, en el comedor obrero, en el juego de pelota o en cualquier esquina, hombres y mujeres que lo sabían su más esforzado defensor frente al genocidio imperialista y se regocijaban con su oratoria culta y brillante, llena de verdades que decía sin remilgos ni hipocresía como las dice el pueblo. Debió crear prácticamente de la nada el Ministerio de Relaciones Exteriores con un equipo casi todo integrado por jóvenes inexpertos procedentes de todas las corrientes antibatistianas sin el más leve asomo de sectarismo. Entonces no teníamos computadoras ni correo electrónico o máquinas procesadoras de palabras, disponíamos de muy escasas conexiones aéreas, las comunicaciones telefónicas dependían de los monopolios enemigos y la casi totalidad de los gobiernos de este Continente se habían plegado a la agresión yanqui y cortado sus relaciones con Cuba. La batalla diplomática, decisiva para la salvación de la Patria, había que librarla, ante todo en los organismos internacionales, en la OEA y en la ONU. En los años fundadores, necesariamente complejos, el principal responsable del Ministerio tuvo que dirigirlo desde Nueva York y desde otros parajes donde se intentaba aislar y condenar a Cuba. Fidelista de pura cepa, Roa estuvo siempre, como nuestro invicto Comandante, en la primera fila, en la avanzada más riesgosa, donde lo reclamaba el deber. Su séquito, reducido a un par de colaboradores, cabía holgadamente en el modesto apartamento de Manhattan que alguna vez ocupara el querido Fernando Álvarez Tabio, hombre bondadoso, jurista sin tacha y fiel seguidor de Roa en la ardorosa defensa de la Patria, quien celebra también este año su centenario. Compañeras y compañeros: Roa rebosaba genio, superioridad espiritual y dedicación absoluta a la causa de su pueblo y a la de todos los explotados y humillados en cualquier parte del mundo que tuvieron en él, como los cubanos, abogado constante y lúcido. Poseía también una paciencia a toda prueba. Imagino cuanto habrá sufrido teniendo que soportar, en aquellos tiempos por suerte superados, la mediocridad lacayuna de la diplomacia regional. Más de una vez divisamos, a un habitante de aquel edificio de la Avenida York, funcionario subalterno de la Misión yanqui, cuya sola ocupación era pastorear a los embajadores latinoamericanos, llevarlos a las salas de sesiones y con voz nada discreta ordenarles qué hacer y cómo votar, algo que acataban, obviamente, con gozosa sumisión. Amo y amanuenses fueron desenmascarados, una y otra vez y enmudecieron ante aquel insólito orador que además de decir verdades lo hacía con ilustrada pasión. Cuando Roa hablaba se colmaban los escaños, las galerías y pasillos y no pocos empleados de la ONU abandonaban sus labores para escucharle. Roa camina todavía por los salones de la ONU. Vive allí, como en Punta del Este, en Washington y en San José de Costa Rica. Tanta dignidad, tanta hidalguía, no podían surgir sin dejar una huella indeleble. Vive allá y vive acá en el corazón de un pueblo agradecido que nunca olvidará a su gallardo defensor. A Roa se aplica, con toda exactitud, lo que él dijo en el sepelio de Enrique José Varona: “Quien fue leal a su tiempo, quien lo vivió y sintió entrañablemente será de todos los tiempos”. Por eso Roa es de hoy y de mañana. A él hay que regresar, a su pensamiento y a su ejemplo. Que en él se inspiren y de él aprendan las nuevas generaciones porque grandes son los peligros que acechan a la Patria y lo serán durante largo tiempo. Bush, arrogante y zafio, urde los más siniestros planes para apoderarse de Cuba, intensifica la guerra económica, emplea centenares de millones de dólares para calumniar, engañar y ocultar la verdad. Entre esos planes están los peores crímenes. Lleva ya dos años protegiendo a Luis Posada Carriles con artimañas supuestamente judiciales para tratar de evadir su obligación ineludible de extraditarlo a Venezuela o someterlo a juicio en Estados Unidos por sus acciones terroristas. Nuestros Cinco hermanos Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, genuinos discípulos de Roa y también ellos dignos cancilleres, se acercan a concluir su noveno año de infame prisión, castigados injusta y cruelmente por haber sacrificado sus vidas defendiendo a Cuba y al mundo del terrorismo. Ambos casos, que prueban los malévolos designios del imperialismo contra nuestro pueblo, tienen lugar ante el silencio cómplice de medios de prensa domesticados y políticos arrodillados ante la mesada innoble. El ocultamiento de la verdad y la repetición constante de la mentira han sido armas predilectas del Imperio contra Cuba. Aun veo el rostro congelado del Embajador yanqui en la reunión de Panamá del Consejo de Seguridad cuando Roa leyó: “Guardaos de la levadura de los fariseos que es la hipocresía. Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá, y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas”. Algo balbuceó aquel infeliz pero Roa le replicó, Biblia en mano: esto no lo dijo Carlos Marx sino Jesucristo según San Lucas (12.1, 2 y 3), no está en El Capital sino en este libro que Usted tiene en la habitación del hotel y debería leer. Recuérdese que a la salida de la reunión el aturdido vocero del Imperio, resbaló y cayó ante cámaras de televisión que registraron el percance. Sí, Roa tiene que hacer mucho todavía. Él debe inspirar y guiar nuestra batalla hoy, mañana y siempre. Vivimos un momento complejo, contradictorio, en el que están presentes desde riesgos inminentes para la supervivencia del hombre hasta la posibilidad real de conquistar un mundo mejor. América Latina se transforma y ocupa la vanguardia. Cuba está en el vórtice de esa pelea. La resistencia abnegada de nuestro pueblo ha sido factor decisivo en la recuperación del movimiento revolucionario tras el derrumbe del llamado “socialismo real”. Nos convertimos en una alternativa, esa sí real sin comillas, en un punto de referencia y esperanza para miles de millones en todas partes. Tenemos una obligación hacia ellos, la de perfeccionar nuestro socialismo, la de hacerlo cada vez mejor, para que florezca siempre como expresión del humanismo y la ética de los fundadores de un ideal tan zarandeado a lo largo de la historia. El socialismo del Siglo XXI “no será calco ni copia sino creación heroica” como advirtió Mariategui. Será fruto de la lucha de hombres pensantes y que piensen con cabeza propia cual quería Mella. Un socialismo que será diverso, multicolor, sin prejuicios ni barreras discriminatorias, que a nadie excluya ni abandone. Ese nuevo socialismo que forcejea por afirmarse, utopía salvadora de un mundo en bancarrota, requiere de pensadores revolucionarios que unan la ciencia a la conciencia. Ese otro mundo posible y la pelea por conquistarlo reclama una teoría, no impuesta con ademanes burocráticos sino fruto del estudio libre, abierto y creador, pero también militante y comprometido, al que nos acostumbró el maestro y camarada que hoy recordamos. Grande es la responsabilidad de los intelectuales quienes pueden “ver más hondo y lejanamente que los demás”. Grande y hermosa la misión que sabrán cumplir los jóvenes cubanos. A unos y a otros, a todos, nos llama Roa ahora que sopla el viento sur con fuerza arrolladora. Sigámosle, el paso firme, unidos, con alegría, hasta la victoria siempre. Rinden homenaje al Canciller de la Dignidad. Presidieron la gala por el centenario del insigne político cubano Esteban Lazo, Ricardo Alarcón y otros dirigentes CUBA, 19 de abril de 2007 . Raúl Roa se entregó a la Revolución triunfante y a ella le dio todo su talento y energía, con modestia, sin reclamar honores; por primera vez militó en un partido político, el Partido Comunista, el de Fidel, a quien siempre le fue fiel, expresó Ricardo Alarcón de Quesada, miembro del Buró Político y presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la gala conmemorativa por el centenario del natalicio del insigne político cubano. Conservó el título de Canciller de la Dignidad porque se lo otorgó el pueblo, anónimo, sin ceremonias, aseguró Alarcón. Tanta dignidad, tanta hidalguía, no podían surgir sin dejar una huella; Roa vive en los pasillos de las Naciones Unidas, y vive aquí, en el corazón de su pueblo. Esteban Lazo Hernández, miembro del Buró Político; Fernando Remírez de Estenoz, integrante del Secretariado del Comité Central, y Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores; junto a otros dirigentes del Estado y del Gobierno, de organizaciones estudiantiles, compañeros de trabajo y familiares de Roa, participaron en el homenaje celebrado la noche de este miércoles en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Debemos celebrar los primeros 100 años de Roa como fue él: rebelde, creador, inapresable, imposible de cerrar en un discurso o ceremonia, explicó Alarcón. Convocó a que su ejemplo perdure en incesante renovación y exhortó a que las nuevas generaciones de cubanos profundicen en su obra y pensamiento. El Presidente de la Asamblea Nacional también condenó el silencio y el ocultamiento de la verdad en el caso de los Cinco Héroes durante estos nueve años de prisión injusta. ( Cubaminrex- Granma)
Por : Orlando Oramas León Un gobernador yanki daba las órdenes en el país cuando, hace exactamente hoy un siglo, nació Raúl Roa García, cuya vida estuvo marcada por el antimperialismo y la revolución. De la mano de su abuelo, el teniente coronel del Ejército Libertador Ramón Roa, el niño caminaría por las calles despobladas de la Víbora, en La Habana, con la mente centelleante y tenso el espíritu de combate, bajo el sortilegio de las epopeyas del 68 y del 95. El encuentro con Martí —escribió— le estrujó los huesos y le dio la preparación espiritual que lo puso en el camino de Mella, cuya "oratoria desmelenada me llenó la imaginación de ardientes visiones y advertí, estupefacto, que el corazón me latía a la izquierda del pecho". Por esa senda llega a Rubén Martínez Villena, cuando ya estudiaba Derecho en la Universidad de La Habana, centro de muchas de sus luchas. Será Rubén quien lo guíe hacia los obreros y sus organizaciones. El libro La semilla en el surco de fuego, dedicado a aquel espíritu indoblegable de pupila insomne, ocuparía sus alicaídas fuerzas hasta el último momento. Miembro del Comité Central del Partido y del Consejo de Estado, la enfermedad lo alejó de su puesto en la vicepresidencia de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Su último nombramiento fue el de presidente de la Comisión Nacional Conmemorativa del Bicentenario del Nacimiento de Simón Bolívar. De seguro el proceso bolivariano le tendría entre sus más entusiastas amigos. Desde los primeros años de la Revolución estuvo en la primera trinchera diplomática, haciendo diana al imperio y a sus satélites. Roa impuso la verdad con un criollismo que estremeció los fríos y protocolares convites internacionales, para espanto de los embajadores de la reacción. Su oratoria de Miura, como la calificara Nicolás Guillén, desenmascaró a unos y a otros y le valió ser reconocido por su pueblo y los revolucionarios del mundo como el Canciller de la Dignidad. "Gorila en cuclilla" o "Pinocho de Pinochet" fueron algunos de sus tarrayazos más recordados. Aquellos discursos marcaron una época y hoy resultan paradigma de nuestra diplomacia. Su bregar intelectual, aportes a la cultura, el legado histórico y periodístico, entre otras facetas, y todo ello siempre vinculado a la obra máxima de la revolución, le confieren una continuidad corroborada por la vigencia de su pensamiento. Desde muy joven militó en el antimperialismo y con óptica marxista denunció, la voracidad con que engullía a la joven República, maniatada por la Enmienda Platt, "primer aparato ortopédico del neocolonialismo". Desde aquellas primeras batallas está en primera línea junto a jóvenes que fueron simiente: Trejo, Barceló o Pablo de la Torriente Brau, quien dejó para la historia el testimonio de aquella huelga de hambre que, en prisión, compartieran en el enfrentamiento al machadato: "Raúl Roa estaba enfermo desde la mañana antes de iniciarse la huelga, convertido en una línea horizontal rodeada de pellejo y llena de un pelo tumultuoso en la cabeza que demostró tener el espíritu más firme que pudiera imaginarse. Raúl Roa es un hombre." Para entonces ya es partidario de la lucha armada para hacer la revolución. Así lo sustentaría en Línea, órgano del Ala Izquierda Estudiantil, en su artículo Tiene la palabra el camarada máuser, publicado en julio de 1931. Roa fue, además, el vocero y cronista mayor de aquella generación que trazó una ruta retomada después por la del Centenario para hacer realidad aquellos ideales: "Entonces llevaremos a Pablo de la Torriente Brau, cantando canciones de vida a compartir el rumor de los pinos y la ejemplaridad del sacrificio, con Rubén Martínez Villena, con Gabriel Barceló, con Rafael Trejo, con Antonio Guiteras y con las cenizas, todavía insepultas, a la sazón sepultadas, de Julio Antonio Mella. Aquella predicción y la validez de la frase confirma la contemporaneidad de Raúl Roa, que hoy sigue dando batalla por Cuba en la ONU, en el Consejo de Derechos Humanos, acompaña a Felipe por el mundo o resurge en la altura de sus letras imperecederas, cual fiel reflejo de su pueblo. ( Cubaminrex- Granma) .
Efectúa MINREX coloquio sobre el Canciller de la Dignidad CUBA, 13 de abril de 2007.- Una conferencia sobre la vida y obra de Raúl Roa, “Canciller de la Dignidad “ y en el marco del centenario de su natalicio, se efectuó en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores. Isabel Allende, Eduardo Delgado y José A. Guerra Menchero, destacados diplomáticos que tuvieron el honor de conocer y trabajar junto a Roa compartieron reflexiones sobre su legado e incluso anécdotas personales que contribuyeron a ilustrar aún más el desenfado y la firmeza revolucionaria con que Roa actuaba siempre. En su intervención Isabel Allende, Rectora del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, subrayó que Roa fue un intelectual revolucionario que nunca dejó de ser maestro. Fue un gran profesor universitario, y como tal sembró la semilla del deseo de saber y conocer. José A. Guerra Menchero, Asesor del Ministro Felipe Pérez Roque, en sus palabras resaltó que la oratoria fogosa de Roa, su experiencia política, rápida capacidad de respuesta y amor por Cuba, lo hacían idóneo para ocupar una trinchera de ideas. Refirió que sus batallas eran tales en el seno de las Naciones Unidas, que le valieron el calificativo de Canciller de la Dignidad, como hoy se le sigue llamando. Para los asistentes, en su mayoría jóvenes que hoy forman parte del MINREX, fue muy interesante poder apreciar instantáneas de momentos históricos de la Revolución en las que Roa participó y en los que Eduardo Delgado, Director General en el MINREX, también estuvo presente. A través de su relato pudieron conocer más detalles acerca del proceso que llevó a la designación de Roa como Ministro en junio de 1959, las incidencias de la creación del Ministerio de Relaciones Exteriores, la radicalización de la Revolución y el enfrentamiento a diversas tendencias que trataron de desviarla, así como la actuación de Roa en las grandes batalles diplomáticas en medio de las agresiones a que estaba sometida Cuba en aquellos días. Recordó a diversos compañeros, que de diversas procedencias, hicieron grandes contribuciones y sirven de ejemplo. Particularmente emotivo fue escuchar la grabación del discurso del Canciller de la Dignidad en el acto de bienvenida que el pueblo de la capital le tributó el 30 de agosto de 1960, en el antiguo Palacio Presidencial, a la delegación que presidida por Roa defendió a Cuba en la VII Reunión de Cancilleres realizada en San José, Costa Rica, con lo cual concluyó la actividad. ( Cubaminrex ). Presentan libro sobre Raúl Roa García CUBA, 12 de abril de 2007. Un libro sobre la labor cultural del Canciller de la Dignidad, Raúl Roa García (1907-1982), fue presentado aquí en ocasión del centenario de su natalicio. "Roa, Director de Cultura: una política, una revista" es el título de la obra, considerada reflejo de un capítulo poco estudiado de la historia de Cuba y del intelectual cubano. En Roa se ven imbricadas magistralmente la política y la cultura, al demostrar que se puede hacer revolución desde este ángulo, más allá de la apreciación de las bellas artes hasta la educación de un pueblo, dijo la autora, Danay Ramos. Ramos, quien en 2002 obtuvo con este texto el Premio Anual de Investigación Cultural del Centro Juan Marinello, agregó que entre las labores de Roa García como director de Cultura de 1949 a 1951 se destacaron las llamadas "misiones", en las cuales se extendían ferias de las distintas manifestaciones artísticas a lugares intrincados de la geografía nacional. Ana Cairo, doctora en Ciencias Filosóficas y moderadora del panel que presentó el libro, afirmó que en el pensamiento y obra del diplomático está recogida la memoria de la Revolución del 30. La también profesora de la Universidad de La Habana destacó que, como ministro de Relaciones Exteriores, el admirado intelectual desempeñó un importante papel, al promover a artistas cubanos como embajadores en el extranjero. Durante la cita quedó abierta la exposición bibliográfica ‘Vida y obra’, alegórica a Roa García. El cineasta Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, anunció que en el programa por el centenario del Canciller de la Dignidad, el 17 venidero, en la Universidad de La Habana se realizará una Mesa Redonda con historiadores. Agregó que también se presentará un disco compacto de la colección Palabra Viva, que incluye entrevistas y discursos en la voz de Roa García. Esta jornada homenaje, que comenzó en marzo anterior, se extenderá hasta abril del próximo año, y está a cargo de una comisión presidida por Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento). ( Cubaminrex- AIN ).
Inaugurarán en Cuba exposición sobre Raúl Roa CUBA, 11 de abril de 2007. Una exposición fotográfica sobre el ex canciller e intelectual cubano Raúl Roa se inaugurará en La Habana el próximo 17, auspiciada por la Asamblea Provincial del Poder Popular de la ciudad de La Habana y la Oficina del Historiador de la Ciudad. La muestra, titulada Retorno a Roa, recogerá pasajes de la vida de esta figura del panorama político y cultural de la isla, en el centenario de su natalicio. Roa (1907-1982) encarna, según la ensayista cubana Graciella Pogolotti, la mejor tradición intelectual latinoamericana, "capaz de articular en un estilo original, cultura y política". De ello es prueba su labor docente en la Universidad de la Habana, su paso por la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación y su trabajo diplomático al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, según consenso de estudiosos de su obra. Asimismo, títulos como Retorno a la alborada (1964) y Escaramuza en las vísperas y otros engendros (1966) redefinieron los límites de la literatura testimonial, apunta la crítica especializada. Como promotor literario, promovió la carrera de escritores de la isla, como José Z. Tallet (1893-1989) y Pablo de la Torriente Brau (1901-1936). Legó valiosas aproximaciones a intelectuales como José Martí y Rubén Martínez Villena. Su labor en la esfera diplomática le valió el apodo de "Canciller de la dignidad". Pogolotti destaca cómo "su amplio dominio del léxico castellano le entregaba un vocabulario eficaz para fustigar a los adversarios y, cuando las palabras no le alcanzaban, acudía a la invención con ingenio y maestría". Como parte de los homenajes a Roa, se desarrollará, además, un taller científico convocado por el Instituto Superior de Relaciones Internacionales que lleva su nombre, del 16 al 17 de este mes. ( Cubaminrex- AIN ).
Raúl Roa: Genio y figura. Un cubano genuino va a cumplir 100 años. Y lo decimos en presente, porque él sigue siendo nuestro Canciller de la dignidad. Cuando apenas era un muchacho retozón escuchaba con esmero las anécdotas sobre la Revolución del 30 que narraba un veterano combatiente. Sí, aquella esperanza de la primera mitad del siglo pasado que de un bandazo “se fue a bolina”. En la retentiva de aquel abuelo lúcido, la figura y el genio de un joven sobresaliente emergía perenne. Se trataba de Raúl Roa García. El viejo contaba sobre el hombre y sobre sus afiladas páginas. En los años posteriores, yo buscaría con afán y leería con deleite, las compilaciones de ensayos y testimonios del canciller de la dignidad. Con la lectura de Retorno a la Alborada, En Pie, La Revolución del 30, El fuego de la semilla…—enciclopédicos y gruesos volúmenes— disfruté a un Roa cronista de su tiempo, genuino periodista de amplia cultura y locuaz capacidad expresiva, tribuno y diplomático que puso y expuso su vida al servicio de Cuba. Al igual que su abuelo Ramón Roa —hombre del 68—, Raúl fue en el sentido épico y ético de nuestra cultura un mambí de pluma y machete. Hay oficios mayores. El periodismo representó para él una de esas grandes pasiones humanas. La profusión de sus textos y la profunda vocación revolucionaria vertida en ellos, nunca hicieron mella en la belleza de estilo, ni en la autenticidad de sus ensayos y comentarios. Aunque en ocasiones se empeñó en afirmar que no era un “escritor” y alegaba: “Mi estilo se parece a mí como yo a él”, sus condiciones de literato excepcional trascienden en el tiempo. Nos legó —sin proponérselo— una obra que podemos calificar de única. Así lo es por el amplio dominio del lenguaje culto y popular; por las expresiones que en forma de látigo utilizó para desenmascarar a los enemigos de la isla y exaltar —al mismo tiempo— lo mejor de nuestra cultura e identidad nacionales. En Roa, tema, estilo y contenido trasuntaban evidente criollismo, sabrosa cubanía. LA URGENCIA DE PEGAR PALABRAS La siempre recordada profesora Vicentina Antuña, en la noche de ceremonia de investidura de Roa como profesor de Mérito de la Universidad de La Habana, sentenció con admiración: “A la trayectoria histórica de Raúl Roa, se halla indisolublemente vinculada su fecunda obra de creación literaria, que abarca los dominios de la prosa en el periodismo y el ensayo, en la biografía y en la crítica literaria, en la oratoria política y académica. Obra multifacética de un escritor revolucionario, es por su impulso vital y por su brioso contenido, historia y testimonio apasionante de la época tremendamente conmovida por transformaciones radicales que nos ha tocado vivir. Genuina voz del Alma Mater”. Vicentina fue clara y amorosa —como siempre. Así concluyó sus palabras sobrecogidas de emoción. Roa, en aquel momento de nutridos e infinitos aplausos irrumpió de repente hacia el podio y corroboró, con sentida modestia, los juicios de la doctora Antuña: “No solo constituye un honor desmedido este que me concede con legítima autenticidad, la Universidad de La Habana; ha desordenado a la par, por su espontáneo arranque y unánime acogida, el ritmo vegetativo de mi miocardio inocente”. Y conmovido en medio del inusitado espectáculo preguntó de súbito: “¿ Y qué decir de las palabras desbordadas de mi querida, antañona y juvenil compañera, Vicentina Antuña, mujer de lúcido entendimiento, sensibilidad acendrada, saber cimentado y convicciones indoblegables, sino que brotan de los manantiales puros de su generosidad?” Junto a este memorable y simpático pasaje de reconocimiento a la labor de Roa como profesor e intelectual, otro hito harto elocuente de sus dotes literarias está en el cuento breve Impotencia. Poco divulgado, con fecha 1931 y narrado en primera persona, el protagonista: un chaleco-sweater que él no quería mandar a lavar después de un mes de uso continuo en prisión dice: “Aunque hoy no es 10 de octubre, he amanecido con los ojos profusamente embanderados de lagañas. Y sobre todo con unas urgencias terribles de pegar palabras, no obstante que mi suprema aspiración literaria es escribir sin ellas”. LA CULTURA AL PUEBLO Que Roa llegó a ser una brillante personalidad de la cultura cubana y de nuestra política nacional e internacional, es cosa sabida. Pero él tenía algo especial: su obra es pura e indisoluble muestra de unida entre el pueblo y la cultura. Muy escasos contemporáneos de él lograron combinar al unísono el talento creador como escritor, polemista, periodista y diplomático, con la gracia, estilo popular, quijotesco que lo inmortaliza. Defendió a capa y espada —“como en sus lecturas de mosqueteros”— aquel ideal de Julio A. Mella: “En lo que a Cuba se refiere, es necesario primero una revolución social para hacer una revolución universitaria”. El canciller de la dignidad fustigó y pulverizó los seductores cantos pregonados por los agoreros de la seudocultura neocolonial. Aquellas voces aleladas que soñaban vivir y pensar de espalda a la tierra que los vio nacer. En una suerte de calco y copia de Norteamérica. Vinculado activamente al movimiento revolucionario y a la Liga Antiimperialista de Cuba, que organizara Mella en la década de 1920, participó intensamente, en 1927, en la Universidad Popular “José Martí, que en esa etapa dirigió Rubén. Roa llega como un discípulo eminente del filósofo Enrique José Varona, y era ya un lector apasionado y profundo del apóstol José Martí, Mella y Rubén tendrían a un inestimable compañero. Fue un talismán de su generación. Una de las más influyentes personalidades cubanas del siglo XX. El escriba y revolucionario cuya voz y ni pluma podrán acallarse por los siglos de los siglos. “Amén”, estaría diciendo él ahora, muerto de carcajadas y en tono más que burlón, si leyera estas líneas. REFERENCIA: Enrique de la Osa. Visión y Pasión de Raúl Roa. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1987
Raúl Roa, dejó su huella en la Feria del Libro de La Habana. CUBA, 12 de febrero de 2007. La conmemoración en este 2007 del centenario del natalicio de Raúl Roa, intelectual de prosa filosa y revolucionario de recia estirpe, dejó su huella en la Feria del Libro de La Habana. Se presentó la reedición del libro de su autoría Bufa subversiva, por el Centro Pablo de la Torriente, y la investigación Raúl Roa, Director de Cultura: una política, una revista, de Danay Ramos, patrocinada por el Centro Juan Marinello. Por otra parte, Manuel Yepe, quien compartiera con Roa tareas diplomáticas, entregó Potro loco, anecdotario protagonizado por el bien nombrado Canciller de la Dignidad. ( Cubaminrex- Granma ). Nueva edición de la revista Honda CUBA , 26 de enero de 2007. La presentación de la XVIII edición de la revista Honda, dedicada en esta ocasión al aniversario 154 del natalicio de José Martí y el centenario del nacimiento de Raúl Roa, tuvo lugar este jueves en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX). La revista de la Sociedad Cultural José Martí, concede gran parte de su contenido al Canciller de la Dignidad. En ella se podrán conocer detalles de la lucha que libró junto a líderes estudiantiles como Rubén Martínez Villena y Pablo de la Torriente Brau. "Roa supo vivir con los principios que lo llevaron a ser un gran revolucionario", declaró Ricardo Alarcón de Quesada, presidente del Parlamento cubano. La revista Honda fue nombrada así por la frase que escribiera el Apóstol en la carta a Manuel Mercado "Viví en el monstruo y le conozco sus entrañas y mi honda es la de David", recordó Alarcón. Al acto asistieron el canciller cubano Felipe Pérez Roque, el director de la Oficina del Programa Martiano, Armando Hart Dávalos, así como miembros de la dirección del MINREX. Por : Aliana Nieves Quesada. Estudiante de Periodismo ( Cubaminrex- Granma ).
Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” convoca Taller Científico por centenario del “ Canciller de la Dignidad ” CUBA , 23 de enero de 2007. El Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” en el marco de la celebración nacional por el Centenario del natalicio del “Canciller de Dignidad” convocó al Taller Científico “Centenario del Natalicio de Raúl Roa García” en el cual, desde un enfoque interdisciplinario, reunirá estudiosos de la obra de Roa para realizar reflexiones teóricas, metodológicas e investigativas. El objetivo central del encuentro es contribuir al conocimiento del pensamiento y acción revolucionaria de Roa a lo que contribuirá la publicación de los mejores trabajos presentados. El Taller tendrá como áreas temáticas: Roa Intelectual Orgánico, Roa Profesor Universitario y Roa Canciller de la Dignidad. La fecha límite para recibir los trabajos y propuestas de paneles es el 13 de Marzo de 2007. El comité organizador recomienda la propuesta de paneles, los que deben tener un mínimo de cuatro y un máximo de seis ponentes.El Comité Organizador informará de la aceptación de las propuestas antes del 20 de Marzo de 2007. Las ponencias, con una extensión máxima de 15 cuartillas, serán recibidas hasta el 13 de Marzo de 2007. Estas deben entregarse en formato electrónico para su posterior publicación en un CD. Los interesados en participar deberán enviar su propuesta, aportando los siguientes datos: nombre, institución, número telefónico, email, temática en que se ubica el trabajo, ficha curricular de una cuartilla. Es requisito imprescindible enviar, además, un resumen del trabajo con el formato siguiente: título en negritas y en mayúscula y autor o autores especificando sus instituciones; se subrayará el nombre del que hará la presentación. Resumen de 150 palabras como máximo en letra Times New Roman 12, a espacio y medio. Para mayor información dirigirse a: Ileanacp@isri.minrex.gov.cu y tallercentenario@isri.minrex.gov.cu. La cuota de inscripción es de 40. 00 moneda Nacional. ( Cubaminrex – ISRI ).
Presentan comisión nacional por el centenario de Raúl Roa. La preside Ricardo Alarcón de Quesada y la integran diversos organismos y entidades. Diplomáticos por la senda de Roa CUBA, 22 de enero de 2007. La Comisión Nacional Conmemorativa del Centenario de Raúl Roa, integrada por diversos organismos y entidades, fue presentada durante una ceremonia celebrada en el Aula Magna de la Universidad de La Habana (UH). Esta tiene como propósitos fundamentales promover conocimientos sobre la vida del Canciller de la Dignidad y sus aportes en distintas ramas sociales, además de rendir homenaje a quienes lo acompañaron en los inicios del servicio exterior cubano. En el encuentro su presidente, Ricardo Alarcón de Quesada, titular del parlamento cubano, realizó una profunda valoración sobre la calidad humana y la obra revolucionaria del intelectual. Enfatizó en que esta conmemoración no albergará "ni vacuas solemnidades ni obsoletos rituales", y "debe corresponder con las enseñanzas y el espíritu integral de Roa, con su carácter rebelde y renovador; y formar parte de la batalla diaria de nuestro pueblo, porque él nunca supo vivir sin batallar." La cita también resultó propicia para entregar a 10 nuevos egresados del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García (ISRI) el diploma que los acredita como graduados del séptimo Curso de Agregados Diplomáticos de esa institución. La graduación fue calificada por Isabel Allende, rectora del ISRI, como excepcional y a la altura de los objetivos de ese centro de estudios. Al valorar la preparación de los nuevos diplomáticos la embajadora destacó: "Hemos hecho todo lo posible porque lleguen al MINREX no solo con los conocimientos técnico-profesionales requeridos, sino que se incorporen con la sencillez que debe caracterizar a un revolucionario cubano, con el deseo de dar lo mejor de sí al abordar problemas complejos. Y que al cumplir misiones en el exterior, no olviden nunca que representan a un pueblo heroico y sacrificado." También les fueron entregados certificados de reconocimiento a seis egresados de la primera escuela de servicios exteriores Manuel Bisbé, hace 45 años. Gustavo Robreño, vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí, subrayó que el galardón más preciado de estos veteranos diplomáticos es haber cumplido cabalmente las misiones encomendadas y ser fieles a la Revolución cubana en cualquier circunstancia. La ceremonia estuvo presidida además por Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores, Armando Hart Dávalos, director de la Oficina Nacional del Programa Martiano, y Rubén Zardoya Loureda, rector de la UH.
Recordarán centenario del nacimiento de Raúl Roa García. Con una extraordinaria dimensión intelectual, el llamado Canciller de la Dignidad también se destacó en el orden político al frente de la diplomacia revolucionaria Por: Pedro de la Hoz La vida literaria cubana en este 2007 tiene, entre varias efemérides, una que nos llevará a evocar un hombre, caracterizado alguna vez por la poetisa Fina García Marruz como dueño del «lenguaje de la centella y del fuego graneado». El próximo 18 de abril se cumplirán cien años del nacimiento en La Habana de Raúl Roa García. Parece obvio recordar la extraordinaria dimensión intelectual de esta singularísima personalidad. En el orden político, están en el tiempo muy próximas su larga e intensa actuación al frente de la diplomacia revolucionaria, sus cruciales batallas en la sede de organismos internacionales en defensa de la soberanía de su Patria —que le hizo merecer con justeza el apelativo de Canciller de la Dignidad—, y su consagración en los últimos años al trabajo parlamentario como vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Muchos recuerdan su huella en la fundación del Directorio Estudiantil Universitario en 1930 y un año después del Ala Izquierda Estudiantil, en los días de combate contra la tiranía machadista. Otros no olvidan su formidable labor docente en la Universidad de La Habana y su quijotesca contribución durante un período a la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación durante uno de los plazos de la República mediatizada. Mas sería oportuno repasar, a propósito del centenario, la fecunda obra literaria de Roa y resaltar aristas que denotan el genio de un escritor y el calado de una escritura en el concierto de las letras cubanas del siglo XX. Habría que detenerse en Retorno a la alborada (1964) y Escaramuza en las vísperas y otros engendros (1966), libros que significaron en su momento no solo el redescubrimiento, para los hombres y mujeres sumados a la lectura por la Revolución, de uno de los más filosos talentos de su generación, sino el despliegue de una inusual capacidad para conjugar el rigor del ensayo y la penetración analítica con la turgencia de la pasión y el fuego de la memoria. Ambos libros vertebraron en sendos cuerpos orgánicamente estructurados la múltiple cosecha de un testigo de su época y ayudaron a ensanchar el canon de la literatura testimonial cubana. Pudiera ser pertinente volver a los comentarios y observaciones que sobre esas obras escribieron Mirta Aguirre, Ángel Augier, Roberto Fernández Retamar y Manuel Pedro González. El espíritu inquieto de Roa se puso nuevamente de manifiesto en La Revolución del 30 se fue a bolina (1968) y de manera muy especial en Aventuras, venturas y desventuras de un mambí (1970), aproximación biográfica a su abuelo, el combatiente y escritor Ramón Roa. Aún cuando no pudo ponerle punto final, los estudios biográficos cubanos se enriquecieron de modo notable con la publicación en 1982 de El fuego de la semilla en el surco, del que emerge un Rubén Martínez Villena definitivamente vivo. Al mencionar estas obras no obviamos la profusa producción anterior del autor, en la que sobresalen, por su peso académico, su Historia de las doctrinas sociales (1949), y por su fulgente prosa ensayística Martí y el fascismo (1937) y José Martí y y el destino americano (1938). En todo caso tendríamos la oportunidad, al observar de conjunto el legado literario de Roa, de aquilatar la vigencia del principio ético que dictó su ejercicio en el campo de las letras y que él mismo definió así: «Importa puntualizar que nunca figuré entre los cultivadores de la escritura aséptica y, por ende, evadida o desarraigada. (...) La única válida ayer, hoy, ahora y siempre es la escritura comprometida con el cuerpo de ideas transformadoras de la estructura y del contenido de la vida de su época, en beneficio de las clases sociales explotadas y oprimidas. Un cuerpo de ideas, en suma, que ataque la raíz de la injusticia, de la opresión, de la miseria, del privilegio y de la tiniebla. (...) No se salva ni perdura la literatura y el arte que sean mera espuma de virtuosismo profesional, por acendrado que parezca. Sálvase y perdura solo la literatura y el arte que es testimonio o profesión de fe». (Cubaminrex- Juventud Rebelde).
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